Rami Abu Salah
Envía tú el saludo
hacia la inmensidad,
y prepárate…
Que yo besaré tus manos,
yo, que jamás en mi vida
besé unas manos ajenas.
Oh tú, en quien todos los significados
han encontrado su voz,
y ante la luz de tus ojos
hasta los ejércitos del enemigo cayeron.
Tu cabello largo y negro,
venció al susurro del viento,
y permaneció erguido,
firme, rebelde y eterno.
Un rostro que iluminó la noche
con un resplandor radiante;
de su luz el alba
volvió a despertar.
Y tu pecho, abierto ante los horrores,
permaneció firme y valiente,
ante la guerra, el dolor
y los caminos de la muerte.
Son tus símbolos de orgullo y dignidad
ríos de fuerza y honor,
de los que los hijos de la tierra
beben coraje y entrega.